Una vez más el frío aire de la montaña golpeará mi cara y tratará de entrar dentro de mi abrigo. Una vez más me enfundaré esas botas que parecen diseñadas por alguien que no tenía terminaciones nerviosas ni huesos en los pies. Una vez más mis pies estarán enganchados a unas tablas que tienen más o menos mi altura y no podrán moverse más que hacia adelante o atrás.
No importa.
No importa porque una vez más estaré esquiando.